sábado, 25 de diciembre de 2010

Un-Merry Christmas





Conozco una persona que no le gusta la Navidad, pero ella conoce muchas más. Es una psicóloga exitosa y sus pacientes son ese tipo de gente que uno se imagina más en un Spa que en un consultorio psicológico. Sé que mientras mi mayor preocupación es acertar con el lugar perfecto para el único chirimbolo dorado que tengo ella tiene otras muy distintas. Quizás en este momento acaba de cerrar la puerta de su despacho, pasa delante del portero del elegante edificio donde trabaja, lo saluda y se sube al auto intentando mantener al margen la historia del paciente de la última hora. Porque, por más desconcertante que parezca, en este mismo instante hay personas que, pese a que realmente frecuentan un Spa, pusieron bajo el arbolito el último Nintendo para su hijo y en enero se van a las liquidaciones de Nueva York, lo que intentan rearmar este diciembre no es un árbol ni un pesebre sino un autoestima que se desgrana con cada canción navideña que escuchan en la radio o, en el peor de los casos, que planean brindar el 2011 con un cargado cóctel farmacéutico.

Compañía y soledad. Risas y lágrimas. Son las dos caras de las fechas que se aproximan. Al mismo tiempo que unos experimentan la máxima sensación de plenitud y serenidad junto a sus seres queridos, los niveles de depresión y la tasa de suicidios alcanzan sus niveles más agudos. La Secretaría de la Salud de Tabasco, México, dio a conocer que en diciembre se producirá un aumento del 5% en sus tasas de suicidio. Especialistas de Puerto Rico también prevén un incremento, junto con otros de España y EEUU. Nuestro país no ha dado a conocer cifras aún pero se ha creado una línea telefónica 24 horas llamada Último Recurso (0800-8483).

Que coincidan en tan pocos días los picos más altos y los más bajos de felicidad no es casualidad. El fin de año nos enfrenta a nosotros mismos y hace que, aún inconscientemente, evaluemos el debe y el haber de los meses que dejamos atrás.

Por estas fechas hay quienes presenten síntomas idénticos a una depresión común, aunque normalmente no la padezcan: tristeza prolongada, melancolía, insomnio, ansiedad, una visión netamente negativa de lo que les rodea y apatía generalizada a la hora de emprender casi cualquier tarea. Pero atención, debemos diferenciar la nostalgia natural de las fiestas, que se mezcla con cansancio, calor y el desenfreno de trámites imprevistos con la condición de la que hablamos. En ésta última los síntomas prevalecen durante varias semanas y presentan dificultades reales para la vida diaria de quien la sufre.

Los factores que encienden este trastorno en personas sin antecedentes depresivos y que agravan la condición en las que naturalmente tienden a ella (según la Organización Mundial de la Salud (OMS) un 10% de la población mundial sufre algún tipo de trastorno psiquiátrico) pueden ser:

-Recuerdos de seres que fallecieron o que están lejos. Es normal que las ausencias se acentúen en épocas festivas, pero no que nos obsesionemos a tal punto de no poder disfrutar de las celebraciones pensando únicamente en la persona que no está.

-Recuerdos de acontecimientos negativos del pasado o vividos en estas mismas fechas otros años. Focalizarnos en las cosas que salieron mal, en decisiones equivocadas, en sucesos dolorosos y en metas que quedaron sin cumplir trae consigo frustración y tristeza.

-Estar lejos del hogar sin posibilidad de volver a celebrar con los nuestros. En este caso, el miedo a la soledad y al cambio nos impide disfrutar de las novedades a nuestro alrededor.

-Dejarse llevar por la publicidad. Para aumentar nuestro consumismo, los medios imponen sutilmente un modelo de felicidad que consiste en la ausencia absoluta de problemas laborales, conyugales, sociales o económicos.

- Verse atrapado en la vorágine consumista, que contrasta con la situación real de muchas familias que no pueden regalar todo lo que quisieran o no acceden a organizar una gran celebración.

La psicóloga Alicia Bajac añade lo siguiente:

“Además de la evaluación anual y depresión concomitante, observo algo más: rabia. Esta rabia la genera la frustración de no tener o pertenecer a la clásica "familia feliz". Por más que se lo quiera tapar con los regalos y más allá de su significado religioso, las fiestas, sobre todo las navideñas, están asociadas a la unión familiar. La obligación de celebrarlo todos en un mismo día y de una misma determinada manera, hasta con los mismos ingredientes culinarios (cuándo ponemos nueces, cuándo champagne, turrón o pan dulce) nos enfrenta a nuestra realidad familiar.

Últimamente somos protagonistas de un cambio en la familia que nos deja con un sinsabor que colabora en este tipo de depresión. Las fiestas nos enfrentan al cómo fuimos este año al grupo familiar al que pertenecemos: muchas veces una realidad obligada que durante el año podemos no sentir”.

Podemos vernos influidos por varios o todos de estos factores, dependiendo de nuestra realidad particular y de nuestra personalidad. Pero como nota común, todos ellos implican la incapacidad para apreciar el lado positivo que se esconde en cualquier situación, aún en la más adversa.

“Depresión navideña”, “el blues de Navidad”, “depresión anual”, “depresión estacional” y hasta “fenómeno Grinch”. Muchos artículos y sitios web que ya han bautizado este fenómeno proponen una serie de tips, con la misma naturalidad con que a continuación enseñan a poner las servilletas en la mesa festiva. Las recomendaciones para superar esta paradójica tristeza se resumen en serenarnos, aplicar objetividad y una gran dosis de optimismo. Por ejemplo:

+ Convertir la nostalgia por los seres perdidos en recuerdos entrañables. Acordarnos de acontecimientos cómicos, de detalles de cariño y de la forma cómo esa persona estaría viviendo este momento. Además, hablar de ellos con soltura y sin tabúes. Si tenemos fe, también renovar la certeza de que algún día los volveremos a ver y que ellos siguen acompañándonos, aunque de otra manera.

+ Expresar los sentimientos. Podemos abrir nuestro corazón a un ser cercano, a un especialista, a familiares o a nuestros amigos. “Nadie es buen juez en causa propia”: en adición a que una pena compartida pesa la mitad, se trata de contar con observadores externos que aportan una visión más imparcial y menos trágica de nuestra situación. También podemos escribirlos. Si nos sirve, se puede hacer una lista de dos columnas con los elementos positivos y los negativos, y al final hacer un recuento equilibrado.

+Evitar compararse con los demás. Es una tentación peligrosa compararse tanto con gente real como con los modelos que nos venden los anuncios comerciales o las películas, donde por lo general nadie tiene problemas tan graves como los nuestros.

+Dormir bien. Distinguir cuándo nuestro estado anímico significa depresión y cuándo significa cansancio ayuda a no caer en el círculo vicioso de deprimirse por el propio hecho de estar deprimido.

+Hacer deporte. Es un hecho más que conocido que el ejercicio favorece la secreción de endorfinas, esas “hormonas de la felicidad” que nos ayudan a sentirnos bien.

+Ser creativo. Gastar en regalos y en comida no asegura el éxito. Nos sorprendería constatar que a la mayoría de la gente le gusta más comer una buena carne al horno que un fino aspik de verduras, o que un regalo útil es mejor recibido que un adorno imponente.

+Darse a los demás. Un gran personaje dijo una vez que las personas sin problemas personales son las que no piensan en sí mismas. Se puede concretar la llamada telefónica a ese enfermo que necesita una palabra de aliento, a esa amiga que está pasando por un momento difícil o concentrarse en pequeños detalles que hacen la vida más agradable a nuestro alrededor, como sonreír o cuidar los modales. Si se quiere dar un paso más, comprar un pan dulce y regalarlo en un hogar de ancianos o de niños significará una gran alegría para personas que realmente están solas.

Alicia Bajac aconseja:

“Las fiestas hay que vivirlas con optimismo en el futuro que podemos construir, con creatividad para lograrlo y con aceptación de la familia a la que pertenecemos. De una u otra manera, ésta sigue siendo la base de la sociedad. Como anécdota, no es casual que las personas que se salvan de una tragedia lo primero en lo que piensan es en la familia. Por algo será”.

Habría que recordar que a menudo nuestros peores enemigos somos nosotros mismos. A veces interpretamos como fracasos lo que deberíamos identificar como un nivel de expectativa demasiado alto. No quiere decir esto que haya que ser mediocre, sino que debemos invertir nuestra exigencia y perfeccionismo en donde verdaderamente importan. Exijámonos, por ejemplo, ser amables en vez de dejarnos llevar por el nerviosismo de fin de año, perdonar las ofensas recibidas en estos últimos meses, ser agradecidos con lo poco o lo mucho que el año nos brindó, recuperar amistades o elevar nuestro nivel espiritual y cultural durante las vacaciones de verano. Por último, además, no debemos sentirnos víctimas impotentes de un escenario que no controlamos sino tomar las riendas como actores libres de todo cuanto acontece. De esta manera, podremos regalarnos un poco más de la paz que necesitamos y observar esta época desde una perspectiva más sana. Las fiestas son celebraciones de la esperanza, porque nos brindan la oportunidad de hacer un alto en nuestros ajetreos diarios, evaluar nuestra trayectoria y empezar de nuevo con la cabeza en alto todas las veces que haga falta.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Manual del caprichoso encubierto


Las siguientes palabras constituyen una acción profundamente humanitaria para prevenir a gente de buena voluntad contra un mal que, contrariamente a lo que podría pensarse en general, no afecta sólo a las mujeres ni a los niños pequeños: el capricho.
He aprendido del manual una página por día. Si sumáramos las páginas en términos temporales, nos saldría un libro de 300 días o, si se prefiere otra nomenclatura, de 10 meses. Ya que los psicólogos y filántropos en general desaconsejan vehementemente el contacto prolongado con estos inseguros y esclavistas individuos, lo que sigue es un mero resumen que guía en la ardua labor de identificarlos. Descúbrelo si...

1º exige que le digas todos los días que lo querés pero no sabe ni a qué colegio fuiste
2º si te reunís con él en un restaurante para sincerarte sobre el momento levemente confuso que estás atravesando en la relación, golpeará la mesa fuertemente con el vaso de vino, pondrá cara de asesino y se levantará de la mesa dejándote a la vista del resto de atónitos comensales.
3º si te lleva en auto hasta tu casa y dentro del auto hay un amigo suyo, no seas tan ingenua de pensar que esperará hasta que entres (le importa mucho lo que piensen de él los demás)
4ºsi a la vuelta de una fiesta, a las 5 a.m., luego de insistir en subir a tu casa, tú no te mostrás lo suficientemente dispuesta envolverte en el maravilloso aliento a demasiados whiskies y el aroma matinal componiendo una sinfonía de piropos.... quedará traumatizado y recordará el episodio hasta 5 meses después.
5º si en sociedad aparece como un encantador caballero pero, ¡qué raro!... en todas sus fotos familiares está con cara de velorio.
6º si le regalás un libro que te comentó que quizás le interesaría, cuidado: ahora resulta que no le gusta porque imagina que detrás de tu gesto hay intenciones ocultas de crítica hacia él.
7º si miente
8º si toma demasiado
9º si es capás de acosar a una chica mientras ésta está ennoviada
10º si la chica, por obvios motivos, no lo invita a su cumpleaños, él obligará a varios amigos comunes a que no asistan a tu fiesta
11º si no le importa mirar mujeres en tu cara
12º si cuando están escuchando el final de una canción que a él le gusta suena tu teléfono y tú atiendes, también recordará el gesto como una gravosísima omisión de amor por tu parte.
13º si por un lado exige como condición de seguir la relación que tú dejes tu país, tu familia, tu trabajo y tus amigas para mudarte a la ciudad más insegura de latinoamerica y, al mismo tiempo, te acusa de falta de correspondencia a su amor perfecto

He decidido no escribir los demás puntos para no dar malas ideas a personas de por sí hipócritas que necesitan no una compañera de vida sino una esclava.
Y tú...¡muy atenta! Valés mucho más que él.
Que te sea útil.

martes, 5 de mayo de 2009

Mi amiga la fotógrafa


Tengo una amiga que me hace pensar que, quizás, cada mañana que se despierta ha olvidado los días anteriores. Tengo una amiga que recorre el mundo repartiéndole más Oh my God!s que cosas tiene éste para ofrecerle. En fin, tengo una amiga que habita la tierra como si cada día fuera la primera vez que la ve.


-¡Una vaca! Oh my God [Click. Foto]

-...

-¡Una palma*! Oh my God [Click. Foto]

-...

-¡Ovejas! Oh my God-Oh my God-Oh my God [Click. Click. Click]**

-...

-¡Parejas!

-Pájaros.

-¡Parejos!

-Pá-ja-ros

-¡Pa-JÁ-ros!

-PÁ-ja-ros

-¡Pá-ja-ros! Oh my God. [Click]

Mi amiga la fotógrafa puede hacerte sentir que algo te habrás perdido. Porque yo no sé si hubiera descubierto a la vaca, la palm-a, las ovejas o los paJÁros. Puedo decir con seguridad que esta amiga mía saca las mejores fotografías que he visto en mi vida. Ya ha ganado algún concurso.

* Neologismo para "Palmera" que resulta de dos cosas: una, ser norteamericana y por lo tanto llamar a una palmera "palm". Dos, haber aprendido en las clases de español que toda palabra femenina termina con "a". Operación de errónea pero admirable coherencia que da como resultado "Palm-a".
** Eran tres ovejas.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Homo mobilis


El viaje termina con el viaje mismo.

Es empezar para no volver a tener que ir,
para no tener que, otra vez,
traicionar el momento calculable, a mano,
descubierto,
y ceder a la ramera de lo incógnito que,
quizás esta vez, cumpla su promesa.

Dónde.
A dónde. El espejismo de la posibilidad
tienta la aridez de lo adivinado.
Pero el maná no se presenta
a la impureza del corazón que
busca el pan fuera
y escupe el banquete de casa.

Siempre que viajo me parece que la gente que encuentro es parte del lugar que visito, que vive ahí, como una permanente fauna autóctona.
Hay diferentes especies y raramente falta alguna. Está la pareja hippie, raza migratoria de origen indeterminado. El pelaje es inconfundible y no varía según las estaciones: shorts, championes y medias cortas, musculosas sueltas y una enorme mochila. La pareja hippie va siempre con un mapa en la mano por si algún día encuentran el lugar donde finalmente decidan asentarse. Está también el grupo de viejitos aventureros, género originario de Alemania, con sonrisas que desafían las arrugas y cachetes rojos por un sol desconocido en su ecosistema. Los rasgos más típicos son el pelo blanco, los ojos celestes y la visera y riñonera que, con los años, podrían evolucionar hasta convertirse en un apéndice corporal más. (Se discute también como futuro apéndice la cámara de los japoneses; pero los autores discrepan en este punto debido a la constante mutación de estos aparatos). Yo pertenezco a la especie semi nómade que tiene varios hogares y no chista por hoteles de estrella y media; que por el momento vuela en bandada pero espera aterrizar en un nido.

Venimos de distintos hábitats y cruzamos cada uno nuestro mar. Las diferencias son bastantes, pero migramos todos más o menos al mismo lugar.

viernes, 8 de febrero de 2008

El niño del tornado

¿Por qué, mamá? Porque sí. ¿Por quéeee? Porque sí. ¿Por qué porque sí? Porque sí! ¿Por qué porque sí porque síii? No sé! No sé! ¡No sé adónde van a parar los que los chupa un tornado!

Dicen los psicólogos que los niños pasan por una etapa en que preguntan constantemente el porqué de las cosas. Claro que, para los filósofos, la etapa dura toda la vida.
Adónde va lo que chupa un tornado fue una de las preguntas que no me contestó el libro que me compraron mis padres cuando aprendí inglés y cuando ellos no supieron más respuestas. “Tell me why(Dime por qué) era mi Biblia, pero no contestó el enigma de los chupados. Quizás por eso estudié filosofía.
Pero hoy puedo tachar de la lista la pregunta. Hay quien la necesita más que yo.

El noticiero de las 3 lo filmó concentrado en su chupete e indiferente a las cámaras. Lo mecía en la falda su abuelo, sentado en lo que quedó de una escalinata de madera rodeada de escombros. “Lo encontramos a 150 metros de donde había estado su casa. Estaba lleno de barro pero no lloraba. Sólo estaba atento; parecía no tener miedo”.
Un bebé de 11 meses fue absorbido por un tornado en Tennessee, EEUU. El viento en el interior de un tornado puede alcanzar los 200 km por hora, pero el chiquito permaneció intacto en la calesita más veloz que podía haber imaginado mientras el mismo aire mataba a su mamá, varios metros más abajo.
¿Por qué lo escupió a 150 metros, por qué no a 300, a 1000, o por qué no a esa distancia inmedible donde terminó su familia? Por eso hoy le paso la posta al niño. Ahora es él el que se preguntará, a lo largo de toda su vida, sobre tornados y por qué.
Quizás él también estudie filosofía.

sábado, 26 de enero de 2008

Las aventuras de la Maestra Ciruela, II. "Dear God"


Dear GOD, Are you really invisible or is that just a trick? (-Lucy)
Dear GOD, Did you mean for the giraffe to look like that or was it an accident? (-Norma)
Dear GOD, Instead of letting people die and having to make new ones, why don't You just keep the ones You have now? (-Jane)
Dear GOD, Who draws the lines around the countries? (-Nan)
Dear GOD, Thank you for the baby brother, but what I prayed for was a puppy. (-Joyce)
Dear GOD, It rained for our whole vacation and is my father mad! He said some things about You that people are not supposed to say, but I hope You will not hurt him anyway. Your friend -- (But I am not going to tell you who I am)
Dear GOD, My brother told me about being born but it doesn't sound right. They're just kidding, aren't they? (-Marsha)
Dear GOD, If You watch me in church Sunday, I'll show You my new shoes. (-Mickey D.)
Dear GOD, We read Thomas Edison made light. But in school they said You did it. So I bet he stoled your idea. (-Sincerely, Donna)


viernes, 25 de enero de 2008

Missing




Se busca viejito que cruza todos los días a las 3 en punto por el paso peatonal de Ezquiroz e Iturrama. Responde al nombre de Abuelo. Lleva un bastón en su mano derecha, un pan en la izquierda y se ve bien clarito desde un cuarto piso. Cruza cuando le da la gana y hace esperar a filas de autos sin acelerar su paso en una milésima de segundo. La última vez que se le vio llevaba una boina negra y una chaqueta color viejo. Por cualquier información, remitirse a este blog. Se recompensará.